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Cinco Cronistas Con Presencia
Del otro lado del circo

Del otro lado del circo

Desde Moscú.– Didier Deschamps es sobrio en su vestimenta, prolijo, ordenado tanto como el equipo que dirige. Además es un caballero, respetado por todo el mundillo del fútbol. Cuando terminó la final fue a saludar y felicitar uno por uno a todos los jugadores de Croacia, que agradecieron el gesto. Más tarde, cuando llegó la hora de la conferencia de prensa llegó peinadito impecable a la sala asignada. Lo que no imaginaba era que sigilosamente, en el momento en que entraba, iban a aparecer todos los jugadores del plantel. Lo bañaron con agua, lo despeinaron y bailaron un rato en torno suyo al grito de “Di-die Deschamps”, con la musiquita de “allez les bleus”. El hombre, que tiene el record de haber salido campeón mundial como jugador en el 98 y como técnico veinte años más tarde, agradeció con tímidas sonrisas y gestos cariñosos como quien dice “ay, mirá lo que hacen estos muchachitos”.

Todo eso que pasó en la sala de conferencia es festejo de fútbol en estado puro, auténtico, amateur. Antes de eso, en el estadio, la FIFA había montado el show que se considera políticamente correcto en estos casos: papel picado, lucecitas de colores y fuegos artificiales al tiempo que sonaba por los altavoces una música infernal y un locutor desaforado, anunciaba lo que iba pasando. Por suerte, cuando los jugadores pudieron abandonar el circo volvieron a las fuentes, festejaron como niños traviesos . Y fue de verdad emocionante.